miércoles, 10 de octubre de 2007

La consecuencia del soltero empedernido.

Caminando

Lo único que le interesaba era pensar. Por alguna curiosa razón, ya no le daba miedo caminar sin fijarse en sus pasos. Respiró aliviada, llenó sus pulmones de aire y repasó su objetivo. Ir hasta Antonio y decirle lo que pensaba, estaba decidida a no seguir almacenando en su cabeza, pensamientos que si no los decía, no servirían de nada. No por nada la mayoría de sus conocidos concordaban que su virtud más resplandeciente era la ser directa y sincera… ¿Podía considerar como “ser sincera”, el exponerse frente a un ser humano que estaba a la misma altura en cuanto en la escala evolutiva de Darwin se trataba y, sin embargo, estaba por sobre ella en cuanto sentimientos? En fin, decidió no pensar más en eso y caminar. Sentía la brisa marina en su rostro y por primera vez no se resistió al aroma que con ella venía.

Sus pasos no se mostraban endebles, sino todo lo contrario, seguros, altivos, llenos de gracia; sin embargo, sus manos la delataban pues no dejaban de sudar, una risa irónica se escapó de su, hasta entonces, sereno rostro al ver a una pareja besándose descaradamente a la orilla del mar. Una angustia interrumpió observación, pues se dio cuenta que no podía seguir pensando que el amor era algo ridículo, pues, a su criterio, ahora ella lo estaba sintiendo y no podía o no debía reírse de lo que ella quería llegar a ser.
Sintió envidia, pudo sentir por un momento como suyo el roce de los labios de aquella joven con los de su amado.

Se aproximaba al decisivo encuentro, expondría su corazón con cada palabra que saliera de su boca, por lo que tendría que tener excesivo cuidado, ya había dado los pasos más difíciles. Ciertamente no se equivocaría ahora y mucho menos, dejaría pasar la oportunidad de hablar con Antonio. Cada vez que lo veía, sentía como si el mundo fuera de los dos, le encantaba respirar junto a él, caminar a su lado y darse cuenta que si bien eran dos seres humanos distintos, caminaban a la par. La personalidad extrovertida y un poco egocéntrica de él, contribuía a la comodidad de ella, pues así, no necesitaba hablar cuando no quería, y, a la vez, practicaba su capacidad de escucha, capacidad que le serviría mucho en un futuro tanto en su relación (¿estaría proyectándose sin tener la certeza?), como en su vida profesional.
Su rostro se transformaba cada vez que él tomaba su mano (por vergüenza o por racionamiento, lo hacía nada más que al cruzar las calles, cual valiente caballero que protege a su princesa), una sonrisa invadía su rostro, cada vez que tomaba de su brazo, cada vez que la acariciaba para reconfortarla cuando la conversación se ponía tensa, su rostro se alegraba, con cada “cada vez” que involucrara alguna acción de Antonio.

Faltaban siete metros aproximadamente para llegar hasta donde se decidiría todo para bien o para mal, es mejor que las cosas terminen mal que quedarse con la incertidumbre de cómo pudieron haber terminado… triste pensamiento para una persona que iba a demostrar que quiere arriesgarse a amar, aunque, tan noble sentimiento conlleve sufrimiento.

Lo primero que vio fue la hermosa sonrisa de Antonio, lo segundo sus ojos. A pesar de que no se veían con frecuencia, cada vez que lo hacían era mágico, cada abrazo de saludo era lo suficientemente reconfortante como para dejar tranquilo el corazón de ambos. Estuvo a punto de omitir todos los pensamientos que venía dispuesta a decir, sin embargo se dio cuenta que no había mucho que pudiese omitir, pues él escuchaba con el corazón cada palabra… ¿qué quedaba por decir?, comenzó a sentirse nerviosa, lo ocultó dejando que Antonio hablara de su carrera, sabía lo que lo apasionaba, por lo que le daría unos minutos extra para poder tranquilizarse, tarde o temprano tocarían el tema, redundante, pero sin duda dulce tema para los dos.
Se conocían hace más de tres años, aunque, se admiraron por primera vez hace uno y medio, gracias a esto aprendieron a conocerse. Hubo entre ellos tropezones, más de dos “no” de por medio y, sin embargo, la única conclusión que habían sacado era que no podían echar a perder esta oportunidad. Se aterrorizó al pensar por un segundo que podría ser ella quien arruinara tan tierna relación, pensó que sería mejor callar, una vez que lo decidió, nada pudo hacerla cambiar de opinión, nada… excepto el beso que al despedirse Antonio, como si hubiese podido entrar en sus pensamientos, cobijó en sus labios, con la esperanza de que tal como él muchas veces dijo, “ni el tiempo los apurase”.



El cuento se llama Caminando, pero el título es en tu honor y obviamente el cuento es inspirado en ti.

Felicitaciones (sólo yo te felicito por semejante suceso) por tu consecuencia.

Clau

4 comentarios:

Anónimo dijo...

dame un minuto.....



perdon dame 1 hora para pensar lo tonto que fui....

perdon ...


no se que decir a mi estupides...


claudia me dejaste sin palabras!!!!

Brenna dijo...

no hay nada que decir querido mío, pues, de las estupideces (no sé pq las llamas así), suergen lindas y gratas historias, de las cuales, a su vez, surgen lindos y gratos al ojo del lector, cuentos! :D


besitos toñito, nos hablamos!

Jose Luis dijo...

Holi Clau ^_^

Vuelvo a decir: que linda forma de escribir tienes, no todos tienen el don de poner en palabras las acciones del día a día, así que felicitaciones por eso, pues el "cuento", se lee bastante interesante y bueno bajo tus propias palabras :)

Un besito

Jose Luis

Anónimo dijo...

Creo que lo único que puedo decir es que “ni el tiempo nos apura” tenemos toda la vida por delante mi niña, los dos somos unas personas muy pacientes, y lo mejor de todo es que nuestro tan esperado café aun no se enfría…

Al menos así lo siento yo…

A pasado en tiempo, pero nosotros no hemos cambiado, fiel a nuestros principios, por eso mismo el cariño no cambia…..

Un beso te veo pronto….
Y es precioso como escribes (solo para alimentar más aun tu ego)
(Me tomo más de 1 hora el encontrar una respuesta)